lunes, 30 de enero de 2012

Insomnio...

“¿Hora? La una y media… he de dormir.” Cierro los ojos, e intento dejar la mente en blanco… pero solo lo intento, porque de forma inevitable ahi está de nuevo su sonrisa, dibujada perfectamente entre el dulce contorno de sus labios. Su pelo, agitado por una brisa que parece provenir de las oscuras e inexploradas fronteras del océano, despierta en mí apatía y férreos deseos de posesión. Casi parecía que su figura estuviese hecha para mí, y que yo hubiese sido creado únicamente para admirar su grandeza, como se admira a un Dios inalcanzable desde la penumbra de la ignorancia.

“¿Hora? Las tres y media… otra noche igual, siempre estoy pensando en lo mismo. Si sigo así, moriré de agotamiento.” Vuelvo a cerrar los ojos, pero un rostro borroso se presenta en mi mente, sin ser llamado. Su increíble soberbia lo dota de un atractivo singular, y esta vez me pierdo en sus ojos, esas dos estrellas azuladas que llaman a mi cuerpo con imperceptibles voces. Me derrito, no puedo soportarlo. Es como si una bonita serenata me llamase en un idílico campo de amapolas rojas. Necesito su cuerpo, como un insecto necesita la luz a la que se agarra con fuerza en la oscuridad nocturna.

“No puede ser… las cinco. A dormir, ahora sí.” Empiezo a pensar en mi familia, en el instituto, en el futbol… y cuando mis cavilaciones se vuelven por fin confusas, cuando el sueño empieza a abatirme con vehemencia, pierdo el centro de mi ser y caigo en la misma vorágine de siempre. Escenas que se superponen y que me llevan hasta una playa caribeña o hasta una cabaña donde el fuego crepita cálidamente. Imágenes, por supuesto, en las que no estoy solo. Aparece junto a mí la sonrisa más bonita del mundo y la mejor persona a la que jamás creí conocer.

“Las seis y media. Ya no creo que pueda descansar nada.” Ahora vienen a mí sus palabras, una veintena de conversaciones amistosas que han vagado por mi cabeza durante horas y que he estado analizando durante días, con la esperanza de encontrar algún indicio de su amor por mí. Vana pesquisa, para mi infortunio. Recuerdo dulces frases de afecto y metódicos cumplidos que… no eran para mí.

Es hora de levantarse. He pasado otra noche en vela y estoy seguro de que, lamentablemente, no será la última…porque asi son cada una de mis noches que no estas junto ami!

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